26 oct. 2009

"Habemmus Papam"

Recuerdo claramente cuando en el mes de abril del año 2005 el Papa Juan Pablo II falleció, confieso que me dio pesar ya que había crecido acostumbrado a ese viejito bonachón, de tez blanca (tanto que parecía de porcelana) y la verdad que no cabía en mi cabeza que pudiese existir otro que ocupase su lugar, de hecho aún no me acostumbro a la idea.
Más allá de las creencias religiosas de cada quien las cuales respeto, nadie puede negar que la labor de este señor fue encomiable, su compromiso por la humanidad lo llevó prácticamente a arrastrarse en sus peregrinaciones de paz por el mundo, hasta que ya su anciano cuerpo no pudo más. Tuve la suerte de verlo muy de cerca en una de esas tantas peregrinaciones (20 años antes cuando visitó Caracas, Venezuela). Pasó frente a mí y a otros niños saludando junto con el Cardenal José Alí Lebrún, mientras nosotros agitábamos eufóricos las banderitas de Venezuela y del Vaticano. Recuerdo muy bien ese día porque me llamó poderosamente la atención el brillo deslumbrante de su tez y su sotana (recuerdo incluso a los adultos comentándolo)y es que ver un personaje tan importante para un niño de 10 años es algo sumamente impactante. Cuando él murió recordé con nostalgia ese día mientras preparaba mis maletas para visitar Maracaibo. Al llegar a la pujante segunda ciudad de Venezuela, (capital petrolera por excelencia) me llamó la atención ver las demostraciones de amor por parte de los Marabinos hacia el Pontífice fallecido. Lo que más me impresionó fue ver totalmente iluminada la hermosa Basílica de la Virgen de la Chiquinquirá(mejor conocida como “La Chinita”). En anteriores viajes había estado en ese lugar pero nunca de noche y según lo explicado por el taxista era un hecho inusual que la iluminaran de esa manera.
El Pueblo Marabino o Maracucho (como popularmente se les conoce), es sumamente alegre, por esta razón me conmocionó ver un sitio que suele estar muy concurrido, totalmente sólo y con un ambiente taciturno que se respiraba en cada rincón de la iglesia y de la plaza contínua.
Al día siguiente recorrí las calles coloridas de los famosos barrios de Santa Lucía (mejor conocido como “El Empedrao”) y El Saladillo, ambos cunas del famoso ritmo contagioso y alegre del género musical que nos alegra a los Venezolanos todas las navidades: La Gaita, pero algo extraño estaba en el ambiente, sentía lo mismo que la noche anterior, las calles muy solas y la gente muy callada, le pregunté al taxista y me dio su versión de los hechos (la cual sospechaba): el luto por la muerte del Papa.Continué con mi viaje, aproveché y visité en la Calle Carabobo la casita número “616”, a la que guardo un gran afecto, debido a que gané mi primer premio de fotografía en el Diario El Universal, con una toma de su colorida fachada. Ya de vuelta en el avión no hacía más que pensar en la extraña sensación que tuve en las bellas calles de Maracaibo, además de hacerme la eterna pregunta: ¿se habrá imaginado alguna vez el Papa que en lugares tan distantes y remotos del planeta iban a llorar su muerte?, de repente recordé una frase de Ludwing Van Beethoven “El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad”.
Mi llegada a casa coincidió con la elección del nuevo Papa, como el resto del mundo católico y no católico estábamos pendientes de la noticia; repentinamente mi esposa me llama y me grita exaltada: “asómate a la ventana”, al hacerlo tuve que correr raudo para alcanzar mi cámara y poder capturar la imágen del cielo, el cual estaba dando en ese momento un espectáculo digno de ese histórico día.
Mi familia me llamó y más de uno aseveró que se trataba de un milagro, otros dijeron que era un aviso del cielo, y por supuesto nunca faltan los apocalípticos que hicieron lo propio. Yo le aseguré a todos que ese fenómeno estaba ocurriendo por el paso de una nube de lluvia frente al Sol, pero que sólo pasaba en Caracas, que seguramente en La Guaira o Guarenas (ambas ciudades aledañas a la Capital) no estaba sucediendo lo mismo.
Al día siguiente publiqué mi foto que recogía ese extraño momento en mi galería dentro del portal de fotografía Trekearth.com http://www.trekearth.com/members/jct/photos y cual fue mi sorpresa al leer que me había contactado un fotógrafo desde isla de Martiníca para contarme y también mostrarme, que había logrado exactamente la misma captura, en el mismo momento, hasta con los mismos colores, pero a varios kilómetros de distancia en El Caribe. Las conclusiones……se las dejo a cada quien.