24 oct. 2009

"La Castigada"

Una vez estuve de visita en la Ciudad de México, tomé un autobús turístico llamado “Turibus” en las puertas del Auditorio Nacional y luego de pasearme por sitios fabulosos de la ciudad (Colonia La Roma, La Condesa, La Zona Rosa, El Paseo La Reforma, La Plaza Garibaldi, etc.), llegó finalmente al “Zócalo”, nombre que identifica comúnmente entre los Mexicanos a la plaza mayor de la ciudad. Dicho recinto puede albergar 2 millones de personas paradas, y así lo demuestran cada año en el día en que celebran su independencia con el famoso “Grito de Dolores”, cuando el Presidente de esa gran nación se asoma desde un balcón y repica una campana para júbilo de los asistentes.Alrededor del Zócalo se encuentran además del Palacio de Gobierno, entidades gubernamentales y la Catedral Metropolitana de México, una cantidad enorme de visitantes que van desde artistas plásticos, actores (escenificando rituales Azteca), bohemios, activistas políticos, vendedores ambulantes y por supuesto turistas. Quedé encantado con tanta variedad de personas y motivos fotográficos que por supuesto agotaron las baterías y las memorias de mi cámara.

Decidí después de caminar entre vendedores ambulantes, entrar a la Catedral, quedé impresionado con su majestuosidad, sus dimensiones, toda la historia que se respira en sus naves, sus altos techos, sus balcones escarpados, sus obras de arte colonial, el gran órgano, etc. Todo dentro de un ambiente solariego donde cada rincón pareciera ser un libro abierto muy antiguo ansioso de contar sus anécdotas.
Ya saliendo del sacro recinto me topé con un muchacho con un modesto tarantín donde vendían una suerte de tour hacia los campanarios de la iglesia. Por su puesto me alisté movido por la curiosidad y la adrenalina fotográfica. El guía abrió una pequeña puerta y subimos por unas escaleras pequeñas y empinadas. Tan antiguas que parecían deshacerse a medida que pisábamos sus escalones.Al llegar al que creía era el piso más elevado , me encontré con la sorpresa que seguían otras escaleras hacia una parte más elevada de la torre, donde dormita una enorme campana de casi 80 mts de diámetro, pero que lamentablemente no pude acceder porque las escaleras no están en condiciones debido al desgaste por los años.
De todos modos en el nivel donde nos quedamos había muchas historias y campanarios que escuchar. Las historias relatadas por el guía iban desde la ciudad que anteriormente ocupaba Ciudad de México cuando el Imperio Azteca, la famosa Tenochtitlán, la construcción de la Catedral Metropolitana por los españoles en el siglo XVI (terminada en 1571) sobre las ruinas del Templo Mayor Azteca (cuyas ruinas se pueden apreciar en la parte trasera de la Iglesia), pero una historia en particular me llamó la atención y es la historia de “La Castigada”. Hace más de 60 años un campanero descuidado al hacer sus labores fue sorprendido por la campana a la cual estaba haciendo sonar (cuyo peso es de 20 toneladas) y la misma lo impactó quitándole la vida. Los sacerdotes encargados del recinto le impusieron un castigo de por vida a dicha campana, condenándola al silencio y a las cadenas por una eternidad.Esta severa reprimenda fue levantada por su Santidad Juan Pablo II en una de sus visitas a este templo, donde oficialmente fue perdonada “La Castigada” y le pintaron una cruz roja como recordatorio de su “terrible crimen” además de retirarle las cadenas.
Saludos
Juan Carlos Trujillo M.