4 nov. 2009

“El Amor en Tiempos de Conquista”

Maracaibo es una ciudad llena de historias y de detalles fascinantes, al recorrerla uno consigue personajes y relatos cargados de realismo mágico (como un buen libro de García Márquez).
La primera vez que pisé Tierra Marabina tomé un taxi y le dije al conductor que era fotógrafo y que deseaba conocer los sitios interesantes de la ciudad, el taxista se llenó de emoción y con su clásico acento “cantadito” me dijo: “Mirá, voz te habéis encontrado con el mejor guía turístico de mi amada Maracaibo, preparáte porque lo voy a llevar a todos los lugares de mi tierra”, luego se bajó del carro y quitó el aviso “Libre” del techo del vehículo.
Comenzamos nuestra gira visitando lugares pintorescos como el Barrio Santa Lucía mejor conocido como “El Empedrao”, cuna del género musical llamado Gaita.Después visitamos una casa muy peculiar en la Urbanización La Estrella, la llaman la Casa Barco, pues su dueño quiso recrear una embarcación en su hogar, y sí que lo logró. Luego pasamos por la Avenida El Milagro Norte y transitamos junto a una escultura hecha por un artista anónimo en el corte de terreno realizado por el dragado a las aguas del Lago de Maracaibo, se trata de unos rostros enormes de tres famosos zulianos (Maracaibo es la capital del Estado Zulia, Venezuela); dos de ellos poetas y otro, héroe de la independencia, me llamó mucho la atención debido a su parecido con el Cerro Rushmore ubicado en Dakota del Sur, E.U.A.
Seguimos con nuestro paseo y llegamos al templo de la Virgen de La Chiquinquirá, cuya belleza y energía devocional me deslumbraron,luego fuimos al Boulevard Baralt y me mostró la Iglesia llamada “El Convento”, cuyo campanario fue hecho tan improvisadamente que sus constructores al darse cuenta que estaba torcido, lo trataron de enderezar posteriormente, quedando en la actualidad una leve torcedura que es un poco difícil de apreciar. Capté con mi cámara esa rareza (estando en Caracas, me di cuenta que el ángulo que escogí para la foto había sido usado por otro fotógrafo 80 años atrás, y aparecía en un libro que estaba hojeando en ese momento).
Seguimos durante el día, recorriendo lugares como el Teatro Baralt (donde se realizó la primera proyección cinematográfica en Venezuela), El Palacio de Las Águilas (sede del Gobierno Estadal), El Museo Urdaneta (antigua casa del gran héroe de la Independencia), entre otros fabulosos lugares. Mientras hacíamos el trayecto, el taxista me narraba historias maravillosas como la de la Heroína Ana María Campos, la cuál en plena gesta emancipadora fue conducida por las calles de Maracaibo montada en un burro, semidesnuda y soportando los latigazos de su verdugo simplemente por creer en ideas de libertad.
Así transcurría el día, el chofer desempolvando historias en cada esquina como enciclopedia viviente de la zulianidad y yo documentándolo con mis fotografías, pero hubo un lugar y un relato en particular que me conmovió: “La Historia de La India Isabel”. Alonso de Ojeda fue un conquistador español, el cuál acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje para luego realizar por su cuenta varias exploraciones y expediciones (con la venia de los Reyes de Castilla), entre las cuales estuvo el descubrimiento de El Lago de Maracaibo y El Golfo de Venezuela, el nombre de este último se deriva de la apreciación de un compañero de aventuras de Ojeda: Américo Vespucio, quien junto a él al observar las casas de los indios sobre el agua (palafitos), exclamó “la pequeña Venecia” por recordarle su natal ciudad en Italia, quedando para la posteridad este sustantivo como nombre propio para la incipiente nación (Venezuela). En ese tiempo, Alonso de Ojeda desposó a una hermosa india, hija de un cacique de la región de Coquivacoa, bautizada con el nombre de Isabel. Con ella procreó 3 hijos, convirtiéndose éstos, en los primeros mestizajes documentados en Venezuela y élla en la primera venezolana en las cortes europeas, debido a que al poco tiempo de casarse, Ojeda se la llevó a España para establecer allí a su familia.
Después de unos años y de muchas aventuras, Alonso de Ojeda decide retirarse apesadumbrado por los últimos fracasos de sus expediciones, en la ciudad de Santo Domingo, (hoy capital de la República Dominicana) y en ), donde encontró la muerte a consecuencia de las heridas sufridas en sus expediciones. Él pidió en su testamento ser enterrado bajo la puerta del Monasterio de San Francisco, para que su tumba fuese pisada por todos aquellos que visitaran la iglesia, como castigo a su fracaso en las últimas expediciones comandadas por él. Al poco tiempo fue hallado el cuerpo sin vida de Isabel, sobre la tumba de su amado, muriendo de tristeza y seguramente de inanición.
La tumba de Ojeda desapareció al igual que el Monasterio, el cual fue destruido en el tránscurso de una guerra civil en República Dominicana en 1965.
En el Sector Valle Frío de Maracaibo existe una plaza donde se recrea este suceso (la muerte de Isabel sobre la tumba de Ojeda) con gran dramatismo. Además de ser un homenaje al conquistador español y al Lago de Maracaibo debido a que se construyó para celebrar un aniversario más del descubrimiento de este último. ( la Plaza Alonso de Ojeda es un mirador donde se aprecia además de la ciudad, el grandioso lago).Estuardo Nuñez en su libro “Viajeros Hispanoamericanos” recoge este suceso histórico de esta manera: “…Cuando fallece Ojeda, la india Isabel como las legendarias princesas castellanas, también muere de amor. Abrazada a la tumba del esposo dicen que la encontraron. Como una flor suicida en silencio, entregando su amor viudo. Agotando su lumbre. Su fervoroso polen. Su incensario ritual…”
Saludos
Juan Carlos Trujillo M.