1 jun. 2010

"Cristo del Buen Viaje"

El mes de mayo en la población de Pampatar (Isla de Margarita) tiene una importancia trascendental, debido a la celebración de la llegada del Cristo del Buen Viaje a sus costas.
Hace casi 400 años una embarcación que transportaba una enorme figura de madera de Jesús en la Cruz, tuvo que anclarse en las costas de este pueblo oriental (famoso por la producción de sal y la pesca). Dicho navío presentaba serias averías en su casco, producidos por los embates del mal tiempo en el mar, lo que obligó a su tripulación desembarcarse con la carga encomendada para poder así reparar los daños. Dicha imagen estaba destinada originalmente para enaltecer un monasterio de los Hermanos Dominicos en la isla La Española específicamente en la actual República Dominicana.
Los marinos al tratar de zarpar de nuevo, luego de realizadas las reparaciones en el Bergantín Santa Lucía y poder así proseguir con su encomienda, se encontraron con un mar mar embravecido, en una bahía reconocida por su pasividad. Esta situación se repitió varias veces, hasta que, movidos por la fe, por el miedo y hasta por su experiencia de siete mares, decidieron dejar al Cristo en este pueblo, donde, desde entonces, se le atribuyen muchos milagros y cuya devoción es prácticamente infinita.
Las festividades del “El Viejo” como cariñosamente se le conoce (por tener una apariencia de hombre mayor), comienzan con la bajada de su imagen del altar donde enaltece al templo que lleva su nombre. Luego, días después, se lleva la sacra imagen en procesión por las principales calles del pueblo (donde actualmente se ubican lujosos restaurantes y discotecas, en contraste con las viejas casonas coloniales del apacible pueblo pesquero).
Dentro de las celebraciones existe una muy particular, la misma recrea los eventos que suscitaron la permanencia, casi cuatricentenaria de la imagen en Pampatar. Todo comienza muy temprano, con la salida, desde un muelle de pescadores, de una imagen réplica del Cristo del Buen Viaje (mucho más pequeña), dentro de un bote pesquero (mejor conocido como Peñero), acompañado de una comparsa musical y de otros botes decorados con globos.
Frente a la bahía, expectante se encuentra una réplica del Bergantín Santa Lucía. Al encontrarse con el peñero que transporta la Imagen Sagrada, sus ocupantes hacen varios intentos de subir al Cristo dentro de las bodegas del barco. Luego de la tercera oportunidad desisten de la tarea y se alejan las mencionadas pequeñas embarcaciones, seguidas posteriormente por el Bergantín, para completar así, el despliegue marinero en una procesión llena de colorido, música y fe por toda la costa oriental de la Isla de Margarita.

Al regresar las embarcaciones a su punto inicial, el bergantín se despide y bajan la figura de su peñero para luego proseguir con una procesión a pie por unas cuantas cuadras hasta una pequeña capilla de una escuela cercana a la ranchería de pescadores, finalizando así la celebración hasta el año siguiente.

Esta bonita muestra de amor y fe me conmovió, ya que revela que las tradiciones de un pueblo y sus muestras de devoción son capaces de resistir los embates, no sólo de la naturaleza, sino de la modernidad, la cual, a veces, se empeña en borrar la historia, las tradiciones y hasta la espiritualidad de los pueblos.