5 ene. 2011

"Dónde Estamos Parados"

Una característica muy latina es colocarle nombres propios a las avenidas, casas, edificios, etc. a diferencia de otras culturas como la anglosajona donde las autopistas y hasta tu propio hogar son simplemente un número. No sé realmente cuál fue el primer pueblo en realizar tal práctica, pero todos sabemos que los Romanos le daban nombres a sus caminos y edificaciones importantes desde hace más de 2000 años, incluso el término “quinta” con el cual acompañamos el nombre propio de muchas casas, tiene su origen en el Derecho Romano. En lo particular, desde que tengo memoria, he sentido curiosidad con esa práctica y siempre me ha gustado saber y averiguar un poco más acerca de aquellos hombres o mujeres en cuyo honor han bautizado algunas obras civiles e incluso militares.
En mi ciudad natal (Caracas), así como en casi toda Venezuela, la opción que más se repite a la hora de colocar un nombre propio a una calle, plaza, escuela, cuartel o hasta una bodega, es sin duda alguna el del Libertador Simón Bolívar, seguido por otras figuras de gran trascendencia y heroicos próceres de la Independencia (Miranda, Sucre, Ribas, etc.). También los gobiernos de turno han hecho lo propio con sus compañeros de ideología o de partido (fallecidos) con cuyos nombres han bautizado, o rebautizado, muchas obras públicas y edificios del estado. Pero hay un nombre en particular, utilizado en Caracas, cuya curiosa historia nunca ha sido bien ponderada, y muy pocas veces contada en los textos de historia de los colegios y escuelas, pero sin embargo, cada vez que cruzamos la ciudad de este a oeste, tenemos que transitar por una gran autopista homónima de éste personaje. Me refiero a Francisco Fajardo.
Al llegar a la Isla de Margarita me llamó la atención ver que el nombre de Fajardo aparecía con gran frecuencia, incluso más que en la Capital. Avenidas, calles, escuelas y hasta un busto con el rostro, hasta ahora casi desconocido por mí, de este personaje. Razones éstas, suficientes para despertar mi curiosidad e interés. Comencé a averiguar por distintos medios y me encontré con una historia fascinante de un mestizo aventurero del siglo XVI, cuyo pecado fue soñar demasiado, para la época que le tocó vivir y enfrentó tantos obstáculos como desprecios racistas de una sociedad nada acostumbrada a las mezclas inter-raciales (entre blancos europeos, indios americanos y esclavos africanos).

Francisco Fajardo era el hijo de una india Guaiquerí y de un militar español, nació en una población llamada Palguarime o Paraguarimo, que actualmente pasa inadvertida para los pobladores y turistas que visitan Porlamar, asumiendo que es simplemente un sector de ésta.
El rápido crecimiento de Porlamar ( gracias al turismo y el comercio, principales fuentes de ingresos de la Isla de Margarita) ha hecho que su área metropolitana, poco a poco haya absorbido a pequeñas poblaciones vecinas, fusionándose en una misma ciudad. Incluso es difícil apreciar los límites entre ésta y otras ciudades cercanas como Pampatar, El Valle, La Asunción.
De ese antiguo pueblito, y su pasado, quedan pocos vestigios, sólo los cuentos e historias de los ancianos, descendientes de los indígenas, que antes vivieron en estos sectores (actualmente llamados El Poblado y Cruz Grande), un busto con la imagen dorada de Francisco Fajardo y su pequeña iglesia, la cual parece sacada de un cuento infantil, y resiste incólume al progreso avasallante que la ha dejado arrinconada entre un estadio de beisbol y un moderno complejo habitacional.


Muy pocas personas que transitan a diario por la avenida frente a este templo, bien sea para ir a su hogar, por trabajo o para disfrutar un partido de beisbol, tienen idea que en ese preciso lugar, además de ocurrir en 1948 uno de los grandes milagros atribuidos a la Virgen del Valle ( se presentó un fenómeno en el Sol, parecido al de Fátima en Portugal) también, muchos siglos atrás, en sus inmediaciones nació el primer fundador de una población en el Valle de Caracas, 7 años antes de la llegada de Diego de Lozada, su fundador oficial.Quizás por esa razón, esta misma gente me vea con su típica curiosidad oriental, mientras contemplo con mi cámara por largo rato a esta iglesia y las calles aledañas, recreando en mi mente, como lo haría un psíquico, las imágenes del pasado.

Francisco Fajardo era un aventurero innato, con una mezcla en sus venas de indio Guaiquerí (autóctonos de Margarita) y blanco ibérico, por lo que no era de impresionar que tratara de cohesionar en una sola nación, los territorios recién conquistados por los españoles y fundar así una patria mestiza, como actualmente es Venezuela y el resto de América. De esta manera, este personaje se aventuró en una empresa que luego le costaría hasta la vida: la conquista de los territorios de la Costa Nororiental de Venezuela.
Después de varios viajes a tierra firme, acompañado por sus hermanos y fieles amigos, comenzó a fundar poblaciones y a conquistar territorios desconocidos por los españoles hasta entonces, aprovechando sus buenas relaciones con los indios, el dominio de su idioma e incluso su linaje (hijo de la Cacica Isabel, nieto del Cacique Charaima, y familia de otros caciques de tierra firme como Naiguatá).
Fajardo se internó en territorios indómitos e inhóspitos, donde hasta ahora ningún español se había atrevido a aventurarse y de esa manera fundó poblaciones como la actual Caraballeda en el Estado Vargas y la Villa de San Francisco, en las riberas del Río Guaire, cerca de lo que hoy conocemos como Fuerte Tiuna en Caracas, y en donde descubrió entre otras cosas, una mina de oro, la cual desató una lucha de poderes y codicia entre conquistadores, los cuales, bajo la autoridad del gobernador de la zona, desplazaron a Fajardo por otro funcionario español (no mestizo y más confiable para la Corona). Posteriormente enfrenta también, la traición de los indígenas, los cuales comandados por el Cacique Guaicaipuro acabaron con esta población apoderándose de las minas y aniquilando a los pocos pobladores que en ella hacían vida.
Fajardo huyó, volviendo a Margarita con la finalidad de reorganizar una toma de las mencionadas minas y de sus territorios conquistados, pero al desembarcar en Cumaná fue apresado y ahorcado por Alonso Cobos. No pasó mucho tiempo para que su gente en la Isla de Margarita, sedientos de venganza, buscaran a Cobos y lo ahorcaran también, dividiendo su cuerpo en cuatro partes.
Esta historia llena de pasiones y sangre (como casi toda la historia en nuestro país), aunque breve, es realmente fascinante. El hecho de que la mayoría de las personas que habitamos estas poblaciones actualmente, desconozcamos tales hechos, mientras llevamos a cabo nuestras rutinas o bien nos deleitamos (como yo) en tomar fotos a sus paisajes y edificaciones, es realmente increíble, y me asombra la poca memoria que tenemos. Muchas veces realmente no sabemos “donde estamos parados”.