16 feb. 2011

"Entre Historias y Leyendas"


Cuando una persona crece, gana y pierde muchas cosas. Gana experiencias, pero pierde cabello (en el caso de los hombres); gana estatura, pero pierde la candidez. Así son las ciudades también, y Caracas no se escapa de eso.
En su veloz y desordenado crecimiento, mi ciudad natal dejó atrás sus famosos techos rojos y los cambió por grandes edificios, centros comerciales, quintas y ranchos (viviendas humildes).

El valle donde fue fundada la capital, poco a poco le fue quedando pequeño, hasta el punto que la ciudad actual se desborda, anexándose poblaciones cercanas y cerros circundantes. Pero estos cambios, no sólo han sido físicos. Los pobladores actuales de la moderna capital de Venezuela, en su mayoría desconocen los antiguos mitos que rodeaban las calles de esta ciudad. Sus leyendas e historias, que antes pasaban de generación a generación, quedaron perdidas, bien sea por las guerras, la inmigración o simplemente el olvido. Los ciudadanos actuales, viven ensimismados, enceguecidos por “gríngolas” comunes en la actualidad (delincuencia, tráfico, inflación), que no les permiten ver más allá de sus pequeños mundos, llenos de agobio.

La ciudad de otrora, era muy amena y cordial, nada parecida a la actual. Sus pobladores podían pasear por sus calles, disfrutar de su fabuloso clima (eterna primavera) y apreciar todo el esplendor de su hermoso Cerro Ávila. También podían citarse con amistades en las plazas, conversar y hasta cortejar hermosas damas que lucían sus mejores galas, para beneplácito de los jóvenes.

Eran pocos los temores cotidianos, lo único que podía acabar con esa idílica escena, era algún terremoto, algún golpe de estado o guerra civil, que por ser sede del poder político, ha tenido que padecer durante toda su historia. Sin embargo, existían también, algunas leyendas que despertaban los más profundos pánicos en los pobladores, sobre todo en los niños. Muchas de estas historias nacieron cuando la ciudad carecía de luz eléctrica, y ayudaba a mantener, de cierta manera, a la gente ocupada en otros asuntos “menos peligrosos” que la política.

Cuando caía la noche, en los alrededores de la Plaza Bolívar, desde tiempos coloniales, sobre todo frente a la Catedral, muchos transeúntes sentían el acecho de un pequeño personaje, de apariencia demoníaca, que se daba a la tarea de perseguir a los incautos, provocando un verdadero pánico. Esto hizo que las autoridades, en reiteradas ocasiones, doblaran la vigilancia en la antigua Plaza Mayor (actual Plaza Bolívar) e incluso realizaran las mas exhaustivas investigaciones e infructuosos esfuerzos para atrapar al temido “Enano de La Catedral”.

Luego en la Guerra de Independencia, José Tomás Boves (militar español) con su sangrienta entrada en Caracas, provocó la conocida “Emigración a Oriente”, la cual representó el abandono de la ciudad por parte de mujeres y niños, luego de una orden del Libertador Simón Bolívar, escoltados por los hombres, hasta llegar a territorio liberado (el oriente del país).
La mayoría de los caídos en esa masacre Realista, fueron enterrados en fosas comunes junto a la Catedral, lo que despertó también el imaginario popular, con leyendas de muertos vivientes y fantasmas que penaban en los alrededores de la Plaza Bolívar.

Más recientemente, en 1967, la Catedral fue también testigo de una historia maravillosa, luego del terremoto que estremeció Caracas, su Cruz de Caravaca cayó al piso, quedando marcada su silueta de manera misteriosa, en el suelo. Este hecho causó un estallido de emoción y de fe en la población, la cual sufría por la devastación y la muerte dejada por el movimiento telúrico, acreditando tal hecho a la intervención divina (un milagro).

Son muchas las historias que encierra esta Plaza y al recorrerla uno respira historia, y el lente de mi cámara se regocija recolectando imágenes, de un lugar con un pasado y un presente, llenos de drama. Testigo silente de leyendas como la del “Enano de La Catedral” y de episodios como el nacimiento de un país (19 de abril del 1810) y hasta la caída “literal” de un presidente (Cipriano Castro se lanzó desde el balcón de la Casa Amarilla, aterrorizado por un terremoto).



Ahora este lugar parece un oasis verde, dentro de una ciudad repleta de contaminación y concreto. Su Catedral en la actualidad, se cuida de otros espantos que están muy vivos (la delincuencia) y sus grandes historias y leyendas, luchan por no desaparecer con la bruma del smock de la modernidad.

Juan Carlos Trujillo M.