10 mar. 2011

"Lleno de Luz y sin Sombras"

Un día, por motivo de trabajo, me trasladé a la población de San Francisco, ubicada en la Península de Macanao, Isla de Margarita, Venezuela. Este pueblo tiene un ambiente enigmático y distinto a los otros pueblos de la Península. La vegetación es diferente, el clima también.
San Francisco, está enclavado en un pequeño valle, rodeado, o mejor dicho, amurallado por grandes acantilados y montañas. Es un pueblo básicamente agrícola, los pobladores tienen pequeños conucos y viven de sus siembras, a diferencia del resto de poblados cercanos que viven, casi por entero, de la pesca. Está distante de la carretera principal, a la cual se llega después de caminar casi una hora, sorteando el inclemente Sol y el ardiente asfalto (si no se cuenta con vehículo), los más afortunados tienen bicicleta, sin embargo, el trayecto no se les hace menos difícil.El transporte público se toma en la carretera principal de Macanao, por ende, quien necesite trasladarse hasta otro pueblo de Margarita, o hasta alguna ciudad para realizar una diligencia o para ir a trabajar, deben llegar hasta este punto y allí tomar el autobus, el cual, no pasa con regularidad, por lo que la mayoría de la población realiza casi todas sus tareas dentro del mismo pueblo. Estas características, hacen de San Francisco de Macanao, un pueblo prácticamente aislado, por lo cual, las relaciones entre sus pocos pobladores, se hacen muy estrechas, procreando hijos entre familiares consanguíneos muy cercanos, trayendo consigo, diversos problemas y enfermedades de origen genético, y uno de esas afecciones es el llamado El Síndrome de Usher.
Esta enfermedad es un mal que afecta principalmente a los niños, los cuales nacen sordos, y con el pasar de los años van perdiendo la vista en la mayoría de los casos, hasta quedar completamente sordo-ciegos.Justamente, por mi trabajo (producción de una película), tuve que conocer a una familia, cuya hija menor presenta esta afección. Esta familia realmente me conmovió por todo el amor y dedicación que le profesan a su niña; pero la pequeña me conmovió aun más, al entrar en contacto con su simpatía y sus ganas de vivir. La comunicación no fue ninguna limitante para ella, para demostrarnos, tanto a mí, como a todo el equipo de producción, su alegría y su regocijo por nuestra presencia en su mundo humilde e ingenuo, pero hermoso, lleno de juguetes, frutas, árboles y animales de cría.Una actitud de optimismo y de adaptación a su condición, inevitablemente salpicaba a sus conmovidos padres, los cuales hacen prácticamente malabarismos para poder comunicarse con su hija, debido a que en ese pueblito no existe una escuela especial para estos niños, a pesar que San Francisco de Macanao está dentro de las estadísticas mundiales del Síndrome de Usher, como la población con mayor número de casos en América Latina (76 afectados por cada 100.000 habitantes. Fuente: Wikipedia) y existiendo fundaciones como Socieven que no se han cansado de alertar a las autoridades locales, regionales y nacionales, acerca de esta problemática.Como fotógrafo, al encontrarme ante un plano deseado, en el momento y en el instante adecuado para una fotografía, se dispara, además del obturador, mi adrenalina, pero en esta ocasión, más que tomar fotos, me provocó fue compartir con ellos el mundo maravilloso donde viven, que a pesar de ser humilde, está impregnado de solidaridad, amor, ingenuidad, sinceridad y paz.Aunque con los años, la visión de la niña se desmejorará y su mundo de colores, se transformará en sombras y recuerdos, pienso que sucederá todo lo contrario en su espíritu, porque ella nos demostró durante todas las visitas a su casa y a su conuco, que no existe obstáculo lo suficientemente grande para ella, y que sus padres no se equivocaron al ponerle el nombre que le escogieron: Ángeles, porque uno siente al conocerla que ha estado ante la presencia de un ser especial, lleno de luz y sin sombras.Ángeles hizo que mis quejas cotidianas luzcan como simples necedades, comparadas con los retos que tiene ella en su vida.
Fue un verdadero placer conocerlos y fotografiar sus hogares, sus rostros y su cotidianidad, durante varias visitas y siento que nunca más veré la vida desde la misma perspectiva.