3 mar. 2011

"Zape Gato, Ñaragato"


Visitar la Península de Macanao es una experiencia de la cual uno no se cansa, no sólo por las bellezas naturales, que de por sí le sobran, esta tierra tiene una energía distinta, tiene algo que no se puede describir con palabras. Las raras formas de sus montañas (el perfil del indio, un pico inclinado, etc.), despiertan fascinación, pero si nos adentramos un poco en sus pueblos, en sus veredas, en sus espinales y bosques xerófitos, descubrimos cosas asombrosas. Algunas jocosas, algunas conmovedoras y otras simplemente fascinantes.

Tuve la oportunidad de conocer un camino llamado Sendero Ecológico “La Chica”. Resulta que es un lugar, celosamente cuidado por una fundación llamada Provita, cuyo propósito es el rescate de una especie de cotorra autóctona de Margarita, la cual se encuentra en peligro de extinción. La Cotorra Margariteña busca este sendero y la protección de sus árboles para anidar y pernoctar.

Los biólogos de esta fundación, además de estudiarlas, les construyen nido artificiales y velan por la salud y el cuidado de los pichones, hasta donde sus posibilidades les permiten, debido a que manos inescrupulosas de vendedores clandestinos de animales, han incursionado en reiteradas ocasiones (muchas veces armados) para retirar los pichones del simpático lorito. Cabe destacar que esta fundación ayuda otras especies en peligro y que son autóctonas de la Isla, como el Periquito Ñángaro, el Venado Caramerudo y el Mono Capuchino Margariteño.

Gracias a la gentileza de estos fieles amigos de la naturaleza, me pude adentrar con mi cámara, dentro de caminos espinados, llenos de vegetación xerófita y de animales de sangre fría, a la espera de la llegada de las cotorras. Mientras lo hacía, aprovechaba la espera para tomar fotos del entorno, y ajustar la exposición de mi cámara, sin embargo, empecé a escuchar un sonido muy familiar, era un sonido como de una pequeña maraca. Obviamente, lo primero que asoció mi mente, era que me encontraba importunando a alguna serpiente de Cascabel, las cuales abundan en Macanao.

Brinqué rápidamente, sin esperar avistar al reptil, buscando salir de su territorio, pero esa situación se repitió en varias ocasiones, hasta que en un momento caí en cuenta que el sonido se multiplicaba a medida que caminaba por el sendero. Busqué una explicación creíble, la cual mejorara la conclusión que mi mente temerosa me pretendía dar en ese momento. Así encontré a un lugareño, el cual con una gran sonrisa en la boca, me explicó que dicho sonido provenía de un pequeño insecto, parecido a un saltamontes, llamado popularmente “Ñaragato”, el cual, para espantar a su principal depredador: los gatos, emitía un sonido parecido al de una serpiente de Cascabel, lo que espantaba a los felinos. En ese momento descubrí asombrado, el origen del famoso dicho popular: “Zape gato, Ñaragato”, muy utilizado en Venezuela, para ahuyentar los malos espíritus o malas “vibras” de algunas personas, aunque también en otras zonas del país se le conoce con este nombre a una planta espinosa, como lo reseña Miguel Otero Silva en algunos extractos de su famosa novela “Casas Muertas” (... y empezaron a poblarla los lagartijos y a espinarla los ñaragatos. ... ojos verdes de Isabel Teresa, punzándole el corazón con la saña del ñaragato. ..).

Después de acostumbrarme al concierto de los simpáticos insectos, llegó un sonido estruendoso, no tan armónico como el anterior, muy parecido a lo que comúnmente se conoce como “rezongar”. Eran los hermosos Psitaciformes (nombre científico de las cotorras), que llegaban a retozar y prepararse para pasar el final de la tarde y toda la noche.

Conseguí algunas buenas capturas con mi cámara, pero por no contar en ese momento con un lente con mayor zoom, me vi obligado a acercarme sigilosamente a las cotorras, pero éstas con su fenomenal vista, me divisaban desde distancias hasta de 7 metros, y la ausencia de camuflaje en mi ropa, les facilitó la tarea. De todas maneras fue placentero compartir ese ruidoso momento con estas hermosas aves, y dejó en mí el deseo de realizar una futura visita, mejor apertrechado.