11 dic. 2014

"La Casa de Mickey Mouse en las Tierras del Pato Donald"


Con el nacimiento de la Revolución Industrial, se inició también la fundación o reestructuración de las ciudades. Éstas pasaron de ser asentamientos humanos con casas y calles polvorientas a grandes metrópolis urbanizadas con edificios de concreto, fábricas, calles asfaltadas y sobrepoblación.  Este fenómeno trajo como resultado el desplazamiento de la naturaleza, confinándola a espacios cada vez más reducidos.


Con el crecimiento tecnológico y urbano, llegó también el desarrollo de la medicina y de otras ciencias, las cuales, además de mejorar nuestra vida diaria, han permitido, también, aumentar los niveles de natalidad y la esperanza de vida de los seres humanos del planeta. En pocas palabras, cada vez somos más humanos y por ende, demandamos más espacio para nuestras ciudades.

Como hijo de una ciudad caótica, me acostumbre a vivir con muy pocas especies animales alrededor y las pocas existentes, eran muy tímidas al contacto con el hombre (por sobradas razones, por cierto). Incluso en una ciudad como Caracas, cuyo pulmón natural:(El Cerro Ávila), le permite tener una buena cantidad de aves y otras especies animales, es algo fuera de lo común ver una iguana, una serpiente o incluso una ardilla. Por esta razón se genera una mezcla de sentimientos en personas citadinas como Yo al visitar zonas campestres con mucha fauna, como por ejemplo Los Llanos en Venezuela.

 Hace varios años, al visitar un hato ganadero en el Estado Cojedes, (Región llanera de Venezuela) me sorprendió ver la diversidad de animales silvestres, muchos de los cuales pasaban impávidos frente a mi presencia, cosa nada usual en Los Llanos, donde muchos de éstos forman parte del menú diario de sus pobladores. Luego de toparme con unos cuantos monos aulladores y venados, le pregunté a una de las propietarias de la hacienda acerca de esa “extraña conducta” en los animales. Ella me explicó que su padre en vida, prohibió la caza a los lugareños en sus tierras, pero si les permitió la pesca artesanal moderada. Esta acción del propietario del hato, consiguió, que en muy poco tiempo, se convirtieran sus tierras en algo más que un simple hato ganadero, en una reserva natural, donde humanos y naturaleza pueden vivir en perfecta armonía.


En el mundo existen muchos ejemplos de esta amable convivencia. Hay hoteles en la Selva Amazónica y en África, instalados dentro de la selva y a la altura de los árboles, integrando la naturaleza a sus instalaciones y a los animales a sus atractivos turísticos. Pero eso son casos aislados, la verdad es que las grandes ciudades siguen aferradas a su concepto urbanístico invasivo, reduciendo los territorios de fauna silvestre. Pienso que debemos hacer hincapié cada uno de nosotros en la tolerancia y la conservación, no sólo con nuestra conducta hacia la naturaleza, sino también educando a las próximas generaciones.

Hay que enseñarles a los adultos del mañana, el importante rol dentro de nuestro medio ambiente, de cada una de las especies, incluso las más peligrosas. Conocer sus hábitos y respetar sus espacios, en pocas palabras: "Vivir y dejar Vivir".


Al mudarme a Florida, EE.UU, al igual que en mi experiencia anterior en el hato ganadero, me llamó la atención la ausencia de temor por parte de ciertos animales como las ardillas, patos y garzas. Éstos se han integrado a la rutina diaria de las ciudades, desplazando a los animales comunes de las metrópolis (perros gatos y palomas) los cuales están sumamente controlados por el Estado.


Es sumamente gracioso, ver a los patos seguir a las personas para pedirles comida y pasar transitadas avenidas como flamantes peatones, amparados por la ley ( se multa a quien les haga daño).



Quizás hayan alcanzado en este país, un nivel de convivencia y coexistencia, o quizás sea un tipo compensación, como hicieron con las tribus de aborígenes de Florida (Seminoles, Mickosukees, etc.) por haberles urbanizado sus pantanos lagos y arroyos, no lo sé, sin embargo, lo que si me queda claro es que de ahora en adelante, le diré a mis hijas cuando vacacionemos en Orlando, Florida, que vamos a  la casa de Mickey Mouse, dentro de las tierras del Pato Donald y de su muy extensa familia.


14 ago. 2014

"El Dosel de la Selva de Cemento"

En la segunda mitad de los años ochenta, yo era asiduo televidente de una serie de documentales de naturalismo llamado Expedición, los cuales se transmitían en el desaparecido canal RCTV en Venezuela. En sus capítulos además de pasearse por la fabulosa geografía de mi país (Venezuela), se presentaba toda una exposición científica acerca de la fauna, flora, así como también se mostraban los primeros pasos de lo que posteriormente conoceríamos como Eco - Turismo.    
En varios episodios de esta serie, un grupo de biólogos explicaban que el bosque lluvioso tenía varios hábitats: El Suelo, Arbustos, el Sotobosque (árboles de mediana altura), el Dosel (las copas de los árboles predominantes en población) y el Nivel Emergente (árboles aislados que sobresalen por encima del nivel del dosel). Dicha clasificación dependerá siempre de la altura de los árboles y de la cantidad de luz solar y agua de lluvia que reciban las plantas, al igual que los diferentes seres vivos que viven en esos ecosistemas. Para poder ser más didácticos, mostraban un gráfico con líneas horizontales que atravesaban un gran árbol de aproximadamente 40 metros de alto, formando franjas con diferentes nombres:


Hace poco tiempo, al pasar una temporada por la ciudad de Caracas (capital de Venezuela), recordé esos maravillosos capítulos que marcaron mi infancia y pre – adolescencia, mientras me deleitaba, tarde tras tarde, durante dos semanas, con un simpático grupo de guacamayas que escandalosamente se agrupaban en las cercanías del piso 13 del edificio donde me estaba hospedando.  Recordé, igualmente que siempre me llamó la atención la cantidad de loros que pernoctaban en calles tan transitadas y bulliciosas como en Las Mercedes e incluso en Autopistas como la Francisco Fajardo en la citada ciudad, siempre coexistiendo con humanos, en casi completa y mutua  indiferencia. 





Durante esas semanas, las guacamayas me visitaron a primera hora en la mañana y al final de la tarde. Cada vez que las escuchaba, corría a tomarles fotos, siempre dejando mi cámara con su lente 70-300 mm lista para lograr captarlas en el momento en que llegaban a los balcones de los vecinos o a las copas de los árboles, pero éstas eran esquivas, la mayoría de las veces, a mi lente.  Hasta que un día decidieron retozar sobre una antena de tv de un edificio continuo. 

Aproveché la ocasión y comencé a capturar escenas de la socialización entre ellas ( se acicalaban  mutuamente y hasta parecían conversar acerca del final de su jornada, incluso con acaloradas discusiones).

Mientras yo ajustaba la exposición de mi cámara, y tomaba algunas tomas de prueba, luchando contra la poca iluminación del ambiente nublado, las curiosas cotorras se sintieron realmente intrigadas por esa luz que salía de mi cámara (flash), luego de varias fotos, su curiosidad se hizo insoportable y decidieron enviar a dos representantes directamente a mi ventana, para ver más de cerca ese extraño artefacto, el cual emitía tan peculiar luz.


Me imagino que para ellas, la sensación ha debido ser, como para los humanos la visualización de un objeto volador no identificado, O.V.N.I (según sus siglas).  La verdad que me tomó de sorpresa ver como se acercaban, volando rápidamente y de frente a mi cámara, de manera intempestiva, razón por la cual, no pude ni siquiera enfocar mi lente para captar tan apreciado momento. 


En ese instante mi corazón latía con fuerza y la adrenalina corría por mi cuerpo como lava ardiente. Las guacamayas mientras tanto, decidieron vigilarme, posadas cómodamente, sobre el aire acondicionado del piso superior, yo comencé a sonreírles y a la vez, de manera jocosa, traté de imitar su idioma. Al poco tiempo perdieron su interés por mi y mi cámara, devolviéndose al edificio vecino, para posteriormente digerir las pequeñas piedras del maltrecho friso, haciendo por instinto, lo mismo que sus hermanas en la selva (comen piedras y grava para desintoxicarse de frutas ligeramente venenosas). 


Los días posteriores pude tomar otras fotos de las guacamayas y compartirlas en las redes sociales, y así fue como me enteré, que dichas aves eran ya famosas, no sólo en la urbanización donde yo estaba, sino por distintos lugares de Caracas, donde  muchos de sus pobladores les daban alimentos mientras se regocijaban con sus visitas. 
Descubrí también que su presencia era atribuida, principalmente a un inmigrante italiano, de nombre Victor Poggi, quien motivado por su amor a las guacamayas, las comenzó a criar y a liberar desde los años setenta en Caracas.
Al pasar los días, ya terminando mi estadía en Caracas, mientras caminaba en la calle, rumbo a un centro comercial, escuché la estruendosa llegada de las guacamayas, inmediatamente alcé mi mirada y pude ver a estas hermosas aves, automáticamente, apareció una sonrisa cómplice en mi rostro, luego al bajar mis ojos me di cuenta como  las personas estaban totalmente inmersas en sus pensamientos y su cotidianidad ignorando, lo que ocurría justo encima de sus propias cabezas. A las aves, por cierto, tampoco les interesaba mucho lo que ocurría debajo de la seguridad de las copas de los árboles.



En ese momento volví a recordar esa serie de documentales de tv, mencionado al comienzo y que tanto me gustaba, dándome  cuenta, que también en la selva de cemento, existen varios hábitats, dependiendo de la altura, no sólo de sus árboles, sino también de sus edificios, siendo las guacamayas, alegres ciudadanos de su dosel, mientras nosotros somos los habitantes del estresante sotobosque metropolitano.
Juan Carlos Trujillo M.
Nota: Si desean ver los relatos de las personas que reciben las visitas diarias de estas maravillosas guacamayas, los invito a visitar un grupo de Facebook, llamado Guacamayas en Caracas: https://www.facebook.com/groups/32118994540/?fref=ts

14 ene. 2014

"Una Imagen = Una Luz Refulgente para la Posteridad"

Una vez escuché una frase que me hizo reflexionar profundamente, tanto, que no recuerdo la persona, ni el momento en que la escuché, sólo se grabaron las palabras en mi mente: “Las personas somos como estrellas, una vez que se apaga nuestra luz, la misma sigue refulgente durante años, gracias al recuerdo de aquellos que nos conocieron”. Eso es una gran verdad, y en esa tarea de mantener nuestra luz o la de nuestros seres queridos, la pintura y la fotografía han sido de mucha ayuda.  Yo en lo personal, poseo una colección de fotos familiares, en la que hay antepasados que ni siquiera mis abuelos conocieron.
Hace unos años hice un árbol genealógico en Internet y en él agregué las fotos de los miembros de mi familia, valiéndome de mi extensa colección, sin embargo, en muchos casos fue imposible conseguir los retratos de algunos familiares, ni siquiera con la colaboración de descendientes directos, en pocas palabras, la luz de su imagen se apagó para siempre.

En la antigüedad, los retratos eran un lujo exclusivo de familias pudientes y de las realezas, los cuales contrataban a pintores de renombre para poder plasmar para la posteridad, sus imágenes de la mejor manera, es decir, con sus mejores galas y joyas, incluso con poses estoicas o heroicas, según fuese el caso. Sin embargo, luego de la aparición de la fotografía, en la segunda mitad del Siglo XIX, el deseo de retratarse, se hizo más accesible para las clases menos pudientes. Esa necesidad de documentar la vida diaria, así como los rostros (propios y de seres queridos) fue creciendo de manera dispareja con el desarrollo de la tecnología fotográfica, la cual era engorrosa y de uso exclusivo de profesionales dedicados a dicho arte. 

Era común en las familias de finales del Siglo XIX principios del Siglo XX, contratar un fotógrafo todos los años para tomar la fotografía familiar anual, la cual sería utilizada como una postal, en las llamadas “Tarjetas de Visita” (fotos reveladas, montadas delicadamente sobre un cartón grueso con un espacio en blanco, para las dedicatorias). Como su nombre lo dice, dichas fotos eran obsequiadas a las amistades y familiares que visitaban el hogar de la familia retratada.

Esa necesidad por documentar los rostros, llegó a tal punto que muchas familias contrataban a los fotógrafos para retratar a cadáveres de familiares, ataviados muy formales y en poses que buscaban esconder su Rigor Mortis. Esto era muy común con niños y bebes, victimas de pestes y enfermedades incurables, a quienes su corta vida les impidió tomarse su primera foto familiar.  Para cualquier persona en la actualidad, tan sólo pensar en ese tipos de fotos sería algo aterrador y  hasta enfermizo, y en mi caso, como fotógrafo, tan sólo de imaginarme preparando un set para una sesión fotográfica de ese tipo, creo que superaría mis límites profesionales y éticos.

Gracias al advenimiento de un vertiginoso avance en la tecnología, desde la segunda mitad del siglo pasado y que mantiene su ritmo frenético en la actualidad, se ha logrado que la fotografía esté hoy, al alcance de cualquier persona, aunado a esto, las populares redes sociales, tan en boga últimamente, han permitido documentar, de manera casi inmediata, cada segundo de nuestras vidas.
Hace poco, me llamó la atención cómo una mujer documentó su parto por Instagram y Facebook (dos famosas redes sociales) con sus seguidores, de manera simultánea, mientras se producía el alumbramiento en la bañera de su casa, es decir, las imágenes de ese neonato ya forman parte del ciberespacio desde su primer respiro, mucho antes de poder abrir los ojos y apreciar la luz por primera vez. Esto era un sueño futurista descabellado, hasta hace muy pocos años, seguramente atribuido a algún artículo de  Isaac Asimov o  quizás a una película de Stanley Kubrick o Steven Spielberg, pero hoy es una realidad que vence límites de tiempo y de espacio.
2001 Odisea en el Espacio, Director: Stanley Kubrick
Atrás quedaron historias como la de Orlando Reeves (Soldado muerto en la Segunda Guerra Seminole, cuya tumba fue encontrada junto al Lago Eola y en cuyo honor se le dio nombre a la famosa ciudad de Florida, EEUU.) que a pesar que su nombre y valentía inspiró a visionarios como Walt Disney a vencer los obstáculos naturales y construir un lugar cargado de maravillosos parques y atracciones para los turistas, su rostro es desconocido, así como la de  muchos anónimos más, cuyo paso por esta tierra, quedó en el olvido, debido a que no contaron jamás con un retrato, ni fotográfico ni pintado, que plasmara su rostro para su posterior recuerdo, y que como luz estelar, pudiese perdurar más allá de su vida terrenal.





Lago Eola