14 ene. 2014

"Una Imagen = Una Luz Refulgente para la Posteridad"

Una vez escuché una frase que me hizo reflexionar profundamente, tanto, que no recuerdo la persona, ni el momento en que la escuché, sólo se grabaron las palabras en mi mente: “Las personas somos como estrellas, una vez que se apaga nuestra luz, la misma sigue refulgente durante años, gracias al recuerdo de aquellos que nos conocieron”. Eso es una gran verdad, y en esa tarea de mantener nuestra luz o la de nuestros seres queridos, la pintura y la fotografía han sido de mucha ayuda.  Yo en lo personal, poseo una colección de fotos familiares, en la que hay antepasados que ni siquiera mis abuelos conocieron.
Hace unos años hice un árbol genealógico en Internet y en él agregué las fotos de los miembros de mi familia, valiéndome de mi extensa colección, sin embargo, en muchos casos fue imposible conseguir los retratos de algunos familiares, ni siquiera con la colaboración de descendientes directos, en pocas palabras, la luz de su imagen se apagó para siempre.

En la antigüedad, los retratos eran un lujo exclusivo de familias pudientes y de las realezas, los cuales contrataban a pintores de renombre para poder plasmar para la posteridad, sus imágenes de la mejor manera, es decir, con sus mejores galas y joyas, incluso con poses estoicas o heroicas, según fuese el caso. Sin embargo, luego de la aparición de la fotografía, en la segunda mitad del Siglo XIX, el deseo de retratarse, se hizo más accesible para las clases menos pudientes. Esa necesidad de documentar la vida diaria, así como los rostros (propios y de seres queridos) fue creciendo de manera dispareja con el desarrollo de la tecnología fotográfica, la cual era engorrosa y de uso exclusivo de profesionales dedicados a dicho arte. 

Era común en las familias de finales del Siglo XIX principios del Siglo XX, contratar un fotógrafo todos los años para tomar la fotografía familiar anual, la cual sería utilizada como una postal, en las llamadas “Tarjetas de Visita” (fotos reveladas, montadas delicadamente sobre un cartón grueso con un espacio en blanco, para las dedicatorias). Como su nombre lo dice, dichas fotos eran obsequiadas a las amistades y familiares que visitaban el hogar de la familia retratada.

Esa necesidad por documentar los rostros, llegó a tal punto que muchas familias contrataban a los fotógrafos para retratar a cadáveres de familiares, ataviados muy formales y en poses que buscaban esconder su Rigor Mortis. Esto era muy común con niños y bebes, victimas de pestes y enfermedades incurables, a quienes su corta vida les impidió tomarse su primera foto familiar.  Para cualquier persona en la actualidad, tan sólo pensar en ese tipos de fotos sería algo aterrador y  hasta enfermizo, y en mi caso, como fotógrafo, tan sólo de imaginarme preparando un set para una sesión fotográfica de ese tipo, creo que superaría mis límites profesionales y éticos.

Gracias al advenimiento de un vertiginoso avance en la tecnología, desde la segunda mitad del siglo pasado y que mantiene su ritmo frenético en la actualidad, se ha logrado que la fotografía esté hoy, al alcance de cualquier persona, aunado a esto, las populares redes sociales, tan en boga últimamente, han permitido documentar, de manera casi inmediata, cada segundo de nuestras vidas.
Hace poco, me llamó la atención cómo una mujer documentó su parto por Instagram y Facebook (dos famosas redes sociales) con sus seguidores, de manera simultánea, mientras se producía el alumbramiento en la bañera de su casa, es decir, las imágenes de ese neonato ya forman parte del ciberespacio desde su primer respiro, mucho antes de poder abrir los ojos y apreciar la luz por primera vez. Esto era un sueño futurista descabellado, hasta hace muy pocos años, seguramente atribuido a algún artículo de  Isaac Asimov o  quizás a una película de Stanley Kubrick o Steven Spielberg, pero hoy es una realidad que vence límites de tiempo y de espacio.
2001 Odisea en el Espacio, Director: Stanley Kubrick
Atrás quedaron historias como la de Orlando Reeves (Soldado muerto en la Segunda Guerra Seminole, cuya tumba fue encontrada junto al Lago Eola y en cuyo honor se le dio nombre a la famosa ciudad de Florida, EEUU.) que a pesar que su nombre y valentía inspiró a visionarios como Walt Disney a vencer los obstáculos naturales y construir un lugar cargado de maravillosos parques y atracciones para los turistas, su rostro es desconocido, así como la de  muchos anónimos más, cuyo paso por esta tierra, quedó en el olvido, debido a que no contaron jamás con un retrato, ni fotográfico ni pintado, que plasmara su rostro para su posterior recuerdo, y que como luz estelar, pudiese perdurar más allá de su vida terrenal.





Lago Eola